
El surrealismo fue una corriente desarrollada el la primera mitad del siglo XX que buscaba la verdad desde la automatización sin correcciones emocionales. Es obvio que dentro de su aparente rareza existía un orden lógico a la que había que llegar profundizando. Los surrealistas o dadaístas detrás de su mascarada eran perfectamente lógicos y si no basta con intentar analizar un cuadro de Dalí, una película de Buñuel, un escrito de Breton, o una obra de Artaud.
Toda esta introducción me sirve para decir que hacer esta corriente no significa poner elementos extraños sin ningún motivo cuidando únicamente la estética. Esto ni más ni menos es lo que pretende “Animales Artificiales” (al menos es lo que pone en el libreto que proporcionan) porque sinceramente uno se queda como si no hubiera visto absolutamente nada ya que las neuronas se han ido de vacaciones sin haber avisado.
Además de un muy desordenado planteamiento no relacionado entre si: Un hombre tocando una tuba, un equilibrista, un soprano, desnudos masculinos gratuitos, travestismo, escatología y un largo etcétera que no me apetece recordar, tenemos una puesta en escena innecesaria e injustificable. Lo primero que aprendí en mis estudios a la hora de plantear una escena, es utilizar sólo los elementos estrictamente necesarios ya que sino quedaría excesivamente recargado, me molestaría como actor y produciría en el público una sensación de agobio. Bien, aquí se utilizan todos los objetos y elementos del mundo sin una justificación previa (flores en macetas, sillones acolchados, parqué enmoquetado, narices y gafas de pega, y otro largo etcétera). Hablando (o mas bien intentando hablar) estrictamente de lo que se cuenta, tenemos una serie de discursos soporíferos y pedantes acerca de la vida (creo) haciéndose eco de teorías de Nietzsche, Schopenhauer, etc… como si fueran loros de repetición utilizando un lenguaje rebuscado sin explicarlo en absoluto para el público presente.
Todo lo que hacen los grandes pensadores y científicos es explicar su discurso para que todo el mundo lo entienda. Incluso hay una anécdota que cuenta un componente (no lo llamaré actor porque la interpretación no existe, no hay personajes sobre el escenario) sobre la bailarina Maya Plitseskaya que le sirven para medio justificar un baile de lucimiento que se procura dar.
Por salvar algo diré que a nivel corporal los integrantes crean figuras hermosas e interesantes pero que en definitiva no sirven ya que no están ni integradas ni justificadas.
Esta obra es de las que dan mala fama al teatro contemporáneo y creo que luego no hay derecho a quejarse si el público no va, al fin y al cabo cualquier obra artística se debe hacer para difundirla, no para uno mismo y si alguien piensa lo contrario que lo haga en el salón de su casa pero no en un teatro.
::Daniel Cabrero::
::Mentes Inquietas::

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