ENTREVISTA ANGEL VALLECILLO

5 06 2009

Su nueva obra ‘Hay un millón de Razas’ se erige como la primera ‘novela total’ firmada por el escritor vallisoletano Ángel Vallecillo. Una novela protagonizada por el historiador Víctor Cortázar, quien desaparece como el Método HH. Un entramado de ideologías nazis, razas supremas, mentiras vitales, e incluso amor.

‘Espero mucho más de mí’

‘Hay un millón de Razas’ es una novela pausada y de una trama muy definida, ¿De dónde partió la semilla de la obra?

Todo surgió de un proyecto para un libro: “Diez métodos infalibles para dejar de fumar”. Trataba de crear un libro falso, escribir diez métodos bajo la premisa del falsorrealismo, forzar el juego de la ficción hasta sus límites, hasta el punto de que el libro se vendiera en las estanterías de autoayuda. Una novela “infiltrada” entre Eric Carr y los  demás autores de métodos para dejar de fumar, quienes, por cierto, venden toneladas de libros… Escribí los dos primeros métodos: dos cuentos maravillosos. Cada método lo abordé en épocas dispares, mediante técnicas literarias distintas, numerosos narradores, temas, etc. El tercer método que empecé nació con la premisa de ser un método infalible para dejar de fumar ideado por los nazis. Me encantó la trama, la historia, me encontré cómodo y vi que podía llevar la historia mucho más lejos que el mero hecho de un método para dejar de fumar. El cuento se llamaba El Método HH. Luego la novela se llamó Regénesis durante casi dos años, o tres, prácticamente hasta el día de la publicación en que lo cambiamos, mi editor y yo, por “Hay un millón de razas“.

El centro de operaciones nazi Mau Dagoll, el historiador Víctor Cortázar,…qué parte de verdad juegan dentro de ese ‘falsorrrealismo’?

Ambos son creaciones absolutamente falsas y maravillosas. Es curioso lo que sucede con Mau Dagoll: todo el mundo que ha leído Hay un millón de razas se fija con fascinación en ese lugar y me pregunta: pero Mau Dagoll sí existe, eso sí, ¿verdad? cuando hay otros pasajes de falsorrealismo en la novela que, para mí, son mucho más potentes, como “La Colección Artemisa” o “Los niños de Satilúa” pero el falsorrealismo funciona especialmente bien en la creación de parajes fantásticos y emblemáticos. Las obsesiones y filias de los lectores en este aspecto es algo que me sirve mucho para pensar. Una curiosidad: el nombre de Mau Dagoll es un juego de origen onomatopéyico de Dagoll Dagom, que creo recordar que fue una obra de teatro de la Fura dels Baus. No estoy muy seguro. A veces me gustan las palabras por su sonido y tal cual me vienen, sin sopesarlo mucho, los vuelco. Como los nombres de los personajes: Profesor Marusse es un homenaje a Picasso, a Matisse y Degass, el triunvirato de las SS. O Karstaff, que es una referencia onomatopéyica también al personaje de Shakespeare. No lo pienso, simplemente, mientras escribo, oigo el sonido y lo escribo, le doy una grafía. Sólo después intento encontrarle una explicación…

El terruño no se deja de lado ni en la ficción. También en ‘Hay un millón de razas’ aparece el nombre de Valladolid, su Universidad y ‘El Largo Adiós’, una de las cafeterías más legendarias y simbólicas de la ciudad. ¿Qué te estimuló a insertar esos elementos?

No sabría decirlo con exactitud. Quizá el miedo: servirme de un narrador más cercano, estar más cómodo, pero también lo impuse como un desafío a mucha gente a quien, efectivamente, les ha parecido algo absolutamente increíble e inadmisible. Víctor Cortázar lo dice en el libro ¿Un historiador español investigando el Método HH? ¡Venga ya! Pero si lo pensamos, ¿por qué no? ¿Es que un historiador español no puede ser uno de los grandes expertos nazis?  ¿No en Valladolid? ¿No hay expertos americanos en la guerra civil? ¿No hay científicos españoles investigando y triunfando por medio mundo? Es un complejo español muy absurdo, tan absurdo como todos los demás. En cierto modo era una forma de defender la europeidad de España, su reciente cosmopolitismo, una defensa del progreso técnico y cultural de nuestro país. Lo del Largo Adiós fue más prosaico. Allí nació una de las escenas que tenía desde el principio: estaba, a las dos de la mañana, entre todo aquel gentío, un jaleazo, sólo, recolocando piezas y armando tramas, y me puse a divagar: ¿y si el protagonista supiera que un extraño ha venido a este bar a asesinarle y tuviera que identificar a su asesino? Me encanta el personaje de Gott…

Aportas multitud de información suplementaria con referencias externas: páginas webs, publicaciones editoriales,.. ¿Fue farragoso el periodo de documentar la obra?

No, en un 90 % toda esa información suplementaria es también pura invención. Es más novela. Su ampliación. Sólo en lo relativo a la genética estuve documentándome durante varios meses, para que la trama no se cayera. En realidad lo que pretendo con el falsorrealismo es un proceso imitativo. Admiro y envidio la capacidad de trabajo y documentación de los ensayistas, de los biógrafos… Pero un creador de ficción es un actor y lo que me propuse fue travestirme para pasar por uno de ellos, actuar como uno de ellos, empaparme de sus técnicas literarias, de sus giros, de su absoluta y fría seguridad al contar los hechos. Imitarles. De esa forma la novela continua en los márgenes del libro, se amplia en nuevos espacios narrativos que prolongan la ficción, que la hacen más verosímil, más ambigua, más rica: la auténtica verdad de las mentiras. Es maravilloso crear un lugar que el 99% de los lectores luego consideran que es absolutamente imposible que ese lugar no exista. En Colapsos ya investigué esa técnica en capítulos como La película de David Lynch. Pero ahora lo considero un caladero absolutamente agotado. Ya no me estimula. Ya sé cómo se hace y qué efectos crea… Para narraciones de entretenimiento es una técnica poderosísima, pero ahora toca innovar en otros campos ni tan sencillos ni tan cortos de desarrollo. No es más que un truco y como tal lo entiendo y ahora me desentiendo…

Una de las virtudes que encuentro en tus publicaciones es el carisma que presentas en muchos terrenos literarios. Tras ‘Colapsos’ y ‘Hay un millón de razas’, ¿Qué puede esperar el lector de Ángel Vallecillo?

Mucho más. Yo mismo espero mucho más. Si no, no continuaría. Mi único estímulo en la literatura es la innovación, la vanguardia, el progreso personal, la versatilidad. A mi editor le insisto en que el libro en el que ahora estoy trabajando va a ser como Colapsos pero bien hecho, a lo grande. Tengo terminada otra novela, la que llamo el Bang Bang, es un western velocísimo, una novela negra armada al más puro estilo clásico de los años 40: carreras de caballos, combates de boxeo, tumbas en el desierto, puñados de dólares… Pero mi gran novela experimental es en la que estoy trabajando desde hace un par de años, o así lo espero. Se titula Akúside. Una novela épica pero fusionada o entreverada con ultratecnología: espadas, caballos, terrorismo, violencia extrema, honor, horror, poder… Un libro compuesto de cinco libros cortos: El Sílex, República, Caos, Imperio y Visiones. Ya he terminado los dos primeros…

PERSONALMENTE INQUIETO

Inquieto por la literatura (obra, autor,..): Me entusiasma la vanguardia. La sequedad. La precisión. Los primeros dos nombres que me vienen hoy a la memoria son Faulkner y Cormac Mc Carthy.

Inquieto por el arte (artista, obra,..): los grandes españoles: Velázquez, Goya, El Greco (adoptado) y Picasso.

Inquieto por la música (banda, artista,..): Ahí sí que hay demasiados nombres. Ahora mismo me vuelve loco NIN. Pero escucho absolutamente de todo. Desde Ópera a mucho Heavy Metal.

Inquieto por el cine (director, films,..): No tengo buena memoria para los cineastas. Pero si tuviera que elegir a dos: David Lynch y David Lynch.

::Víctor Peña::

::MENTES-INQUIETAS::


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