DANIEL QUINTERO

23 11 2009

‘EL RETRATRO POSIBLE’

En torno a este sugestivo título la Galería Marlborough muestra -hasta el 2 enero del próximo año- los últimos retratos de Daniel Quintero, fechados la mayoría entre el año 2008 y 2009. Están motivados por su afecto e interés por dos motivos preferentes: Málaga y el mundo Sefardí. Entre los malagueños están retratados los poetas Alfonso Canales, María Victoria Ateinza y Manuel Alcántara. En el mundo Sefardí el retrato de Bonastruc Saporta, también conocido como Nahmánides, rabino y cabalista de Girona (siglo XIII).

Francisco Calvo Serraller explica en el texto introductorio del catálogo: “Al contemplar la trayectoria como retratista de Daniel Quintero se percibe, en primer lugar, la inquietud. Aunque Quintero es persona de buen talante, de una discreción amable, en la que se entrevee quizá como un latido de jovialidad irónica, se trata de un pintor pugnaz, inquieto, nada acomodaticio. Lucha consigo mismo: primero, para dominar la técnica, y, luego, para domarla; esto es: para que la técnica sirva de cauce a la experiencia. Hace muy bien, porque la gran pintura, si es vívida, ha de haber sido muy vivida. El combate artístico tiene lugar entre la técnica y la experiencia, que nunca acaban de acoplarse del todo. Se necesitan mutuamente, pero sólo funcionan de verdad cuando la segunda doblega a la primera. No obstante, siendo así, esta lucha alcanza su punto culminante en el retrato, que no es sólo réplica, sino recreación del otro”.

Y continúa detallando como Quintero se enfrenta al retrato: “(…) por un lado, armado con su afilada línea, construye el contorno de la figura y los trazos más significativos de su rostro; por otro, “mancha” cromáticamente el entorno, eligiendo con mucho cuidado la que será la tonalidad dominante, pero no sólo para ambientar con tino la atmósfera que envuelve a la figura, sino para penetrar en el aura de su refulgencia anímica. Y es que Quintero quiere quedarse con todo, con el alma y el cuerpo del retratado, con lo que es en sí y con lo que destella a través de su ser. Al hacerlo de esta manera, sin la conjugación clásica del dibujo y el color, consigue desvelar más dramáticamente la tensión existencial que acompaña a cualquier ser humano, que se nos muestra más en carne viva, más animado, más inestable y dinámico, más vulnerable; más, en suma, cambiante y mortal. Esto es, por lo demás, lo que hace que sus retratados, adopten la actitud que adopten, nos transmitan un no sé qué de como seres inquietos e inquietantes, lo que, como apunté antes, produzca la impresión de que Quintero retrata, en efecto, la inquietud”.

Del 19 de noviembre al 2 de enero de 2010

::MENTES-INQUIETAS::


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