JEAN PAUL PERRIER GALLERY

7 10 2010

HOJAS Y  FLORES QUE CAEN
Una nueva serie de obras de Jens Jensen

No, estas hojas y flores que caen no van acompañadas de un coro de dolor y angustia.

No se escuchan sonidos atroces de agonía, ni siquiera cuando se rozan una a otra o una se tambalea sobre la otra, flotando juntas, de una manera maravillosamente al azar, hundiéndose en la tierra. En la confluencia más densa flotan con ligereza hacia la tierra, cayendo, hacienda piruetas, moviéndose tan delicadamente y con tanta gracia que Jens Jensen apenas puede captar su rápido vuelo hacia abajo.

Es un reto a la imaginación el hecho de que este verano llegue a su fin en julio, que la descomposición y degeneración comience a actuar, tan implacable y azarosa, sin ninguna fanfarria dramática. Y todo con los colores más frescos y atractivos de este mes de julio. ¿Qué es lo que se ha revelado? Un escenario otoñal monstruoso “en el momento equivocado”. Pintado por una mano rápida y diestra. O, para ser más preciso, plasmado con astucia.  UNA DELICIA PARA LA VISTA SE CONVIERTE EN BIOMASA. Algo profundamente emotivo. Pero algo dotado de una belleza tan irresistible, que todas y cada una de las piezas que forman parte de ella puede ser clasificada en cualquier categoría de trascendencia. Cada imagen cuadrada es como un sepulcro sagrado. Un verano alto intensamente prometedor durante el cual podemos olvidar la banal y duradera miseria de nuestro propio desánimo y depravación. Para ser interpretado en términos de metafísica o en términos de conceptos. Saturado líricamente y en la cima de la perfección realista. Para un nómada como Jens Jensen, la pintura es un acto literario, relacionado con la representación, en el que él frecuentemente – como lo hace aquí – trasciende las fronteras de lo que puede ser representado visualmente o descrito con lenguaje. Nada representa las flores y hojas que caen con tanta ternura y que parte el corazón tanto como el otoño. Pero esta vez, Jens Jensen se ha adelantado a la estación. Ha sustituido la nostalgia y melancolía  pintorescas del otoño por la absoluta y abrasadora gloria del verano.
“La idea original del arte es su desconexión de los objetos” dijo Wassily Kandinsky una vez.  Aun así, sigue presente la necesidad de volver a los objetos, y una necesidad – como se reconoce claramente en las pinturas acrílicas de Jens Jensen – de volver hacia ellos a un ritmo vertiginoso. Cada hoja – y cada flor  – contiene en sí misma su propio gesto de movimiento, con el cual el artista llena el lienzo, como si cada imagen fuese el patrón de una alfombra. Cada toque pastoso de color que se parece a una hoja o flor es, en realidad, la ‘pincelada’ barrida hacia abajo del trapo que Jens Jensen utiliza en lugar de un pincel. De esta manera, una confusión de colores en movimiento caen y flotan,  bajan en picado y dan giros al unísono, alegremente captando los sentidos del espectador y haciéndole pensar en hojas y flores de verdad. Arrancadas éstas del tallo y tronco de las plantas y árboles como si fuese otoño – un otoño en julio. Cada lienzo ofrece una alfombra densamente entretejida de colores, de impulsos e intensidades levantados y moldeados, como si estuviéramos mirando a través de una ventana a los jardines impresionistas de Claude Monet. Al mar de hojas y flores que dan forma al Giverny. Donde una vez, y con una determinación y dedicación inquebrantables, un artista realizó una visión inundada de luz y color, levantando un monumento a la Naturaleza.

Sin embargo, Jens Jensen no es un artista de la Naturaleza, sino más bien un pintor de estudio. Un arduo trabajador de taller. Y desconozco si posee su propio jardín o si los jardines le apasionan como a Monet. Pero sí hay una cosa que le encanta y que le llena con la misma intensidad apasionada que a Claude Monet – el ambiente de jardines en plena floración, con su emoción física y expresando su individualidad. No obstante, a diferencia de Monet, quien buscó captar y expresar su ambiente auténtico, la exuberancia mediterránea, Jens Jensen, en su proceso creativo, fabrica este ambiente, lo descubre y lo pone a prueba en un nivel conceptual, sin necesidad de utilizar un jardín verdadero como modelo, como Giverny. Y él varía y manipula este ambiente con toda su paleta de colores, como si él pudiera ir mucho más allá de la explosión natural de colores gloriosos y de las estaciones cambiantes del jardín de Monet, por lo menos en términos del curso del tiempo.
“La naturaleza nunca se queda quieta” era la frase preferida de Claude Monet, lo que demuestra que, para él también, la transformación permanente de las hojas y flores representaba una fuente sin fin de fascinación – no por su inmovilidad fundamental y estado privilegiado de reposo sino por la expansión de la materia. Sin embargo, en su estudio Jens Jensen acelera artificialmente la velocidad de los procesos orgánicos originales, lanzándolos con un avance rápido hacia un tiempo en el cual el otoño está implícito en nuestro julio, y el próximo verano está implícito en el otoño. Manipula el proceso de envejecimiento del tiempo. Es más, manipula nuestra conciencia de cada momento vivido, porque, como explica Paul Virilio, “la velocidad es la edad del ambiente humano verdadero”. Y, como Virilio afirma de un modo aun más profético, “Cuanto mayor se hace la velocidad del movimiento, más absoluto y dominante se hace el verdadero control.” Aun así, en lo que a Claude Monet se refiere, lo que más le interesaba en sus cuadros era el proceso de deceleración, de reducir la velocidad, de parar; un control profundamente perceptivo, casi científico, de sus hojas y flores, a las cuales dedicó 43 años de su vida. Comparado con el breve proceso creativo detrás de las imágenes de Jens Jensen, esto representa una “media eternidad” de experiencia.
“Para mí el tema es de una importancia secundaria,” escribió Claude Monet. “Lo que yo quiero representar es lo que pasa entre el tema y yo.” Una afirmación y una valoración de lo visual y de la inmovilidad verdadera dentro del marco del cuadro que seguramente se puede aplicar a Jens Jensen. Algo se revela y se realiza entre el objeto representado y la imagen hecha de él en el curso del trabajo – la creación, nacimiento y crecimiento de una idea. La aventura de apariencias y la interrogación de apariencias. La experiencia de confrontación. No importa la distancia que pueda separar al artista y al motivo. Hay una presencia aquí, algo coagula, algo sucede entre los dos, entre la realidad material de la imagen y Jens Jensen, que generalmente permanece escondido para el posterior espectador. Es el emparejamiento misterioso de dos cuerpos dispares que nosotros laboriosamente intentamos reconstruir en otro momento posterior.
Una característica impactante de los cuadros de Jens Jensen es la naturaleza no identificable de las flores y la flora, su falta de afiliación, su anonimato magnificado hasta tal punto que, al final, el espectador no puede más que conjeturar que éstas serán, sin duda, hojas y flores. No obstante, no existen pruebas concretas de que tiene que ser el caso. Su falta de materialidad formal permite un amplio rango de interpretaciones y metáforas. Sus formas externas carecen de vida interna, sus proporciones carecen de contenido. Todo está exteriorizado. Estereotipado: “El interior ya no determina el exterior,” como Roland Barthes lo explicó en otro contexto. Otro rasgo impactante de los cuadros de Jens Jensen es la falta de un tipo de línea de acabado o elemento como marco para sus humores atmosféricos. Y que no deja ningún espacio libre entre la topografía de hojas y flores. Que siempre inunda el fondo de colores cambiantes – verde, azul, gris u ocre. Una masa concentrada y lujosa de color que congela la moción de las hojas y flores que caen, aferrándolas a medio vuelo y dándoles conexión.

La vida nunca es mera materia. Nunca una simple entidad orgánica de evolución natural, sino además siempre la libertad de la expresión y la exuberancia no domada de la imaginación visual abstracta. En esta serie de cuadros de Jens Jensen la belleza de la “vida natural” se desarrolla de manera conceptual, independientemente de la Naturaleza, a una distancia importante de la realidad mundana de nuestros jardines, apropiados o destruidos, de hecho, por la industrialización y las urbanizaciones de nuestro ambiente. Lo que permanece, y lo que el arte contemporáneo pretende hacer, siempre y una y otra vez, es una idea visionaria, ¡el intento exclusivamente humano de crear la belleza de una atmósfera natural! Independientemente del ciclo de estaciones de un mito posible de creación…

Walter Aue
Strodehne, 17 de julio, 2007

::MENTES-INQUIETAS::


Acciones

Information

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: